Lisett tiene 23 años, dos hijos y una vida a cuestas. Es nicaraguense y como muchas mujeres de allá, vive en Costa Rica desde hace algunos años para poder ganarse un sustento que les permita mantener a su familia. Y digo mantener porque no es cuento: a la mayoría, ella incluida, les toca ser jefas de hogar porque su marido las abandonó y no les dejó más que sus hijos y un dolor inolvidable en el corazón.
En mi casa le decimos Li, de cariño. Lleva aquí ya más de un año y para nosotras es una hermana más. Nos consiente con los más ricos platillos, sabe dónde está todo en mi casa, es ordenada y responsable. Nunca nos ha dicho no a nada. Aquí vive, aquí come, aquí nos trae sus historias familiares y de amores pasados y presentes. Es inteligente y viva, incluso hemos pensado que sería bueno que se metiera en clases de cómputo.
Su gran sueño era traerse para acá a sus dos niños, Eyner y Brinni, para así paliar el dolor que esa situación le provocaba todos los días. Al primero lo tuvo a los 15 años, a la niña a los 16. Del papá de ambos ya no queda nada: no los mantiene, no los ve. Desapareció, como muchos, luego de una larga agonía de pleitos, violencia y sobre todo, mucho dolor. Desde entonces, la adolescente tuvo que hacerse mujer haciendo toda clase de trabajos para poder mantener a sus "chiguines", desde hacer y vender empanadas hasta trabajar largas jornadas en las maquilas, y luego venirse a Costa Rica a trabajar en mi casa.
Hace unos meses por fin se decidió a llamar a su mamá a Nicaragua para decirle que se los iba a traer. Mi papá le prestó los casi 90 mil colones que le costó la traída ilegal por la frontera. Un día alegre por fin llegaron los chicos y los recibimos con cariño en mi casa, como si fueran dos miembros más de la familia. Son dos pequeñitos, de 7 y 6 añitos, los dos amables y educados.
Entonces empezó la búsqueda de escuela para ambos, la comprada de uniformes y útiles, que culminó con la matrícula en primer grado en la escuela Dante Alighieri. Todas las mañanas Li se levanta temprano para dejar el desayuno listo y poder irse a dejarlos aquí cerquita, donde el tío de los chicos los recoge para llevarlos a clases, o a medio día cuando les tocan clases por las tardes.
Han pasado ya dos meses y los chicos crecen, incluso ya el mayor cumplió añitos. Ha habido que ponerles algunas reglas de orden, disciplina y estudio pero lo cierto es que son chicos lindos, no molestan, son respetuosos y les tenemos mucho cariño. No quisimos que se fueran porque la verdad aquí están mejor que en una casa con X persona cuidándolos mientras la mamá trabaja, además así ella puede ahorrar su salario y luego ofrecerles mejores posibilidades. Por fin, todo parecía estar estabilizándose y la Familia Telerín, como yo les digo, iba a empezar a llevar una vida más normal.
Li nunca ha tenido novio formal. Siempre nos contaba sobre sus "enamorados" y pretendientes, pero así como que novio en serio nunca ha tenido. Decía que ya no creía en los hombres y que todos eran unos mujeriegos, que ella estaba mejor sola. Por ahí había un "mariachi", sin empleo formal, de esos que cantan en los pollos y los chinos de SJ, que la enamoraba, pero ella decía que era un gran perro y que nada que ver.
La semana pasada me preguntó que si yo sabía cómo buscar a una persona a través de Internet. Yo le expliqué que había algunas formas, pero que depende de quien sea la persona era más o menos probable encontrar algo. Me dijo que iba a conseguir el segundo apellido y nada más.
Al día siguiente me dijo que tenía un problemón y entonces me soltó todo: al que anda buscando es a un maje con el que estuvo saliendo y al cual mandó a la porra por perro. El motivo??
Tiene dos meses y resto de embarazo....
Me lo dijo mientras yo almorzaba y por supuesto que casi se me atraganta el pollo. Yo pensé que era mentira, pero no: el día en que quedó embarazada fue la última vez que lo vio porque de hecho lo mandó a la porra por perro.
Mi primera reacción fue regañarla, no feo pero sí regañándola. "Pero por qué no te cuidaste, mujer". Me dijo que sí se había cuidado, que se había tomado una pastilla anticonceptiva una hora antes pero que no sirvió... decime vos... una pastilla una hora antes... Entonces le dije que xq hizo eso así, que ella sabe que eso no funciona así, que igual por qué si sabía que el mae era un perro por qué no usaron condón... en fin, toda la regañada contraceptiva. Pero ni modo. Demasiado tarde. Ya lo hecho hecho está.
Ahora nos tiene a todos preocupados. El maje no aparece y no creemos que aparezca. Los chicos ya saben, la nena lo tomó bien pero el mayor está bravísimo. "Qué vamos a hacer ahora, mamá", le dijo. Él sabe que existe una posibilidad de que tengan que volver a Nicaragua y no quiere.
Li... pues bueno, imagínense cómo puede sentirse. "Justo en este momento en que ya todo estaba bien", me dice lamentándose. "Si no fuera porque es pecado, lo boto", me dice. "Pero como no puedo, creo que lo voy a regalar". Y di, cómo no. Está triste, aguevada, desilusionada, decepcionada.
En la casa hemos tratado de que no se desanime, sino que vaya buscando una solución, que nosotros la vamos a apoyar en la medida de lo posible. Tiene 7 meses todavía en los que hay que ver qué hacer. Ni modo, a lo hecho pecho.
Un bebé va a nacer, es lo único que sabemos. Él no tiene la culpa de nada. Ni sus hermanitos.
Toda esta cosa me ha removido por dentro y me ha puesto a pensar.
Pienso en el destino de las personas
En la vida
En el desamparo
En la búsqueda de cariño de tantas mujeres
En el machismo y la irresponsabilidad de tantos hombres
En la responsabilidad que implica tener un hijo
En la suerte
En las decisiones
En la pesadilla de la ignorancia.
En lo que puede cambiar la vida con solo terminar el colegio.
En las posibilidades reales que hay para salir adelante.
En las barreras.
En la injusticia.
En el dolor.
El niño va a nacer y la vida de todos va a seguir. Pudo haber sido diferente. No sé si mejor o peor pero distinto.
Y sí. Pues así está la cosa.